martes, 27 de noviembre de 2018

您好嗎? Algunas cifras del Tratado de Comercio entre Panamá y USA

POLO CIUDADANO
Alberto Espino
Estudiante de Ingeniería en Desarrollo Agropecuario - UP

Desde siglos el mercado panameño se caracteriza por desenvolverse principalmente en el sector de servicios, destacándose en el hemisferio por su entorno transitista debido a su posición geográfica. Esto permite un poco comprender que sectores primarios productivos se hayan mantenido relegados a un segundo plano. Sin embargo, Panamá refleja en los registros anuales haber exportado (hasta hace dos décadas) mas arroz del que introducía al país. Como contraste, a visperas de la recuperación de la soberanía, el gobierno panameño al integrarse en la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1997, se comprometió entre otras cosas a dar trato nacional a los productos extranjeros y a eliminar los obstáculos (arancelarios o no) a empresas, inversores y gobiernos foráneos. No es de extrañar que un par de años sujetos a las reglas de la OMC bastaran a Panamá para dejar de exportar arroz.


Antes de la firma del Tratado de Promoción Comercial (TPC) en el año 2011 entre Estados Unidos y Panamá, la balanza comercial entre ambos países rondaba estable por los 2 mil millones de dólares al año, en favor de EUA sobre Panamá, este último que percibía algunos beneficios al cargar impuestos a esos bienes introducidos al territorio nacional. Según la página web del Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá (MICI), las razones para la firma de un TPC con EUA han sido justificables porque: “se podrá aprovechar de mejor manera las ventajas comparativas de Panamá, y lograr una mejor asignación de los factores de producción; (lograr el) incremento de la inversión extranjera a fin de aumentar nuestro potencial como centro de logística y de redistribución, lo cual generará mayores oportunidades de empleo, con el consecuente mejoramiento de las condiciones de vida de la población panameña.” El MICI, en resúmen, no analiza el impacto que tendría sobre Panamá en caso de ocurrir lo opuesto, pero es exactamente lo que está hoy sucediendo.

En referencia al ‘aprovechamiento de las ventajas comparativas de Panamá’, en un mercado como el norteamericano, que cuenta con mas de 325 millones de personas, y donde se encuentran las matrices de las empresas alimentarias mas grandes del mundo, sin privilegios a nuestros pequeños productores locales (Panamá solo tiene 4 millones de habitantes) toca ahora darles trato nacional a: CARGILL, CHIQUITA, COCA COLA, DEL MONTE, DOLE FOOD CO., DOW AGROSCIENCES, DUPONT PIONEER, GENERAL MILLS, KELLOGG, KRAFT FOODS, MARS, MONDELEZ, MONSANTO (Bayer), PEPSICO, TYSON FOODS… así como sus marcas registradas y empresas accionistas, por mencionar solo algunas. En cuanto a las inversiones norteamericanas, es cierto que algunas se han dado, y aparentemente no todas en el sentido que inicialmente fue promovido, no porque se hayan dado a la tarea de actividades extractivistas: según Bernie Sanders (el senador independiente que ostenta el récord de más elecciones ganadas en EUA), con las revelaciones expuestas a través de los Panamá (y Paradise) Papers se confirma lo que siete años atrás él había advertido frente al Congreso de los Estados Unidos, cuando alertó de que el TPC con Panamá (votó en contra) serviría para el blanqueo de capitales y la evasión fiscal por parte de norteamericanos y sus empresas para eludir compromisos tributarios. Ciertamente, el TPC para nada pretende impedir que las transnacionales triangulen transacciones ultramar por medio de sucursales bancarias radicadas en paraísos fiscales, evitando con ello el rastreo de fondos por agentes contralores de ambos gobiernos.



Por todo lo dicho, a solo un par de años luego de la firma del TPC, la estadística ya proyectaba una tendencia progresiva en expandir la brecha de la balanza comercial al punto que, para 2015, el beneficio se inclinó aún más hacia el lado norteamericano, triplicandose a 6,100 millones de dólares sólo con respecto a bienes (con el agravante de que ahora son exentos de impuestos). Peor aún, la proyección de 2018 identifica el objetivo más atractivo del TPC dentro del sector servicios, donde el mercado según datos de 2015 representa 36 mil millones de dólares, de los que USA acaparó entonces 1,6 mil millones en exportaciones y 1,3 mil millones en importaciones. Hoy en día, atraídos quizá por los billones que ofrece el mercado de servicios disponible en Panamá, negociadores del imperio chino (con 1,4 mil millones de habitantes, y cuyas empresas están apoderándose de firmas norteamericanas), mantienen reuniones a puerta cerrada con la contraparte istmeña para firmar un TLC. Empresarios (o sus representantes en gobierno) a cargo de cualquier equipo negociador por Panamá, a juzgar por sus logros con la OMC y el TPC, no serán quienes velen por el bien común de la gran mayoría de panameños, pueblo que se disputa la punta de lanza mundial en inequidad.



El POLO CIUDADANO entendiendo que la idiosincrasia, cultura y el intercambio de bienes y servicios entre pueblos hermanos debe mantenerse libre y soberano en un marco de beneficio mutuo para ambas comunidades, y que la representación de los pueblos no puede ser usurpada por grupos minoritarios que ostentan el poder económico (y por ende influyen políticamente) en sus naciones,
  • hace un llamado a todo funcionario del actual gobierno saliente que conforma el equipo negociador del TLC con China, de que informen a la ciudadanía con toda transparencia y sin secretismos sobre las negociaciones que se están adelantando.
  • Solicitamos al gobierno que resulte electo en los próximos meses, que se reevalúe el impacto social en todos los espectros de la población panameña, afectada por la entrada de Panamá a la OMC y los TLC’s, para encontrar una salida justa.
  • Convocamos también al sector primario nacional, sobretodo a los que no son consultados ni representados en mesas negociadoras, a los pequeños productores, defensores de la naturaleza, pescadores, agricultores, campesinxs e indígenas, que desde sus comunidades estén informadxs, unidxs y vigilantes ante otra amenaza que se asoma en perjuicio de los derechos y oportunidades de las actuales y futuras generaciones.

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