jueves, 26 de julio de 2018

Populismo autoritario y el agro panameño

Alberto Espino
POLO CIUDADANO


El sector agropecuario nacional es un desastre. Se acercan las elecciones de mayo de 2019, y ya se ve circular estratégicamente en los medios (cual ganado) figuras que buscan catapultar su rating utilizando técnicas para atrapar a la audiencia. Sus resultados son sorprendentes. Logran su propósito gracias a la línea en que conducen su retórica. Sus consignas son ‘combatir las injusticias, acabar a los corruptos, mejorar las condiciones de vida’, y otras por el estilo. ¿Cómo saber si lo que prometen es en el fondo cierto y bien intencionado? ¿Cómo darse cuenta de que no es otro discurso político más y no se está siendo nuevamente engañado? La respuesta puede venir investigando lo que significa Populismo Autoritario.

Alberto Alonso-Fradejas, del Instituto Guatemalteco de Estudios Agrarios y Rurales, denomina el fenómeno de “corpopulismo autoritario” (corporación-populismo), diciendo “se basa en la persuasión y la violencia selectiva, envuelto en el imperio de la ley y respaldado por el Estado, para impulsar la agricultura de grandes negocios y la extracción de recursos”. Por otro lado, Achin Vanaik (Delhi, Transnational Institute) expone que “con respecto al ‘autoritarismo popular desde abajo’, podría ser un movimiento de extrema derecha, que busca impulsarse en el poder movilizando a la gente sobre la base de sus resentimientos, estos que están conectados con las realidades del sufrimiento que tienen, tanto económicos como psicológicos, y por lo tanto contra muchos de los efectos de lo que llamamos neoliberalismo, pero no en contra de la estructura del neoliberalismo; por ello, buscan concesiones dentro del orden neoliberal existente, pero todos ellos no solo están preocupados con respecto a la dimensión económica, sino que tienen un tipo de enfoque de hostilidad hacia otros y que, como base para desarrollar un mayor sentido ideológico cultural, se trata de toda la nación. Y es por eso que una de las formas más fuertes de ‘populismo autoritario’ actualmente, por varias razones, es el ‘nacionalismo autoritario’.

En Panamá, la sobre demanda, pésimas vías de acceso, alimentos caros, falta de brazos, inmigración ilegal, corrupción de funcionarios y pobre conocimiento ocasionaron la crisis alimentaria. Cualquiera con leer el resaltado anterior piensa que se trata de nuestra actualidad en 2018; ciertamente así es hoy, pero verdaderamente corresponde a la situación devenida en el año 1537 sobre la primera gran crisis alimentaria sufrida en el Istmo, y que es documentada por el historiador Alfredo Castillero Calvo en su libro ‘Cultura Alimentaria y Globalización, Panamá, siglos XVI a XXI’. Como vemos, la historia o se repite, o lleva un mismo hilo secuencial. Así que el problema del agro panameño es endémico, como también lo son las políticas transitistas al compás de la clase gobernante que se ha mantenido desde siempre al servicio de la élite, y que muy bien desmenuza el profesor Olmedo Beluche en su obra de investigación ‘Historia Agraria y Luchas Sociales en el Campo Panameño’, de obligado estudio para comprender las raíces del problema local en este sector productivo. El problema del agro viene de la mano histórica que forja los designios del Istmo, y que es resultado de un conjunto de suertes al azar, de las que nadie tiene el control, pero que cuenta con el común denominador de ostentar de manera continua e ininterrumpida con una clase pudiente como gobernante, justificando con ello ser uno de los países mas desiguales del mundo en cuanto a la distribución de riqueza,

Las propuestas superficiales y estéticas presentadas a la Asamblea y tan publicitadas por algun@s diputad@s son superficiales, no ayudan a resolver y mas bien son perjudiciales para el sector.

Por ejemplo, la diputada Zulay Rodríguez propone (con su rescate al sector agropecuariodesmantelar la Facultad de Ciencias Agropecuarias (Universidad de Panamá) de la capital, al destinarla para la ciudad de Santiago. Le sigue el juego a los que favorecieron a Alberto Vallarino, quien quedó finalmente poseyendo los terrenos de la FCA en Rio Hato, o a los Hanono, Bern y Motta quienes usufructúan los cientos de hectáreas que la FCA utilizaba para investigación agrícola en Tocumen. Con la propuesta de la diputada Rodríguez surge la pregunta de quién se quiere apoderar de las 60 hectáreas que aún quedan de las 450 que fueron desmembradas. Queda desenmascarado de que utilizan la crisis actual para proponer soluciones que no atacan el fondo de esta vorágine, pero que fomentan otro trasfondo perverso.

No solo esa propuesta de Ley viola la autonomía universitaria, sino que pretende fomentar aún más la privatización del sector. La investigación agropecuaria en manos privadas atraerá a las nefastas compañías Bayer, DuPont, Syngenta, ChemChina, transnacionales que basan sus ingresos en el patentado de semillas en perjuicio de las nativas, la producción de agroquímicos con consecuencias crónicas en la salud de campesinos y consumidores, entre otras calamidades sociales.

Tras la marcha hoy en protesta por representantes del sector agropecuario panameño contra las importaciones, la solución agropecuaria abarca mas aspectos y no debe ser manejada a puerta cerrada como hacen aquellos que negocian el futuro panameño para firmar los TLC’s, como ocurre con China. Debe ser ampliamente consensuada con los sectores de bases campesinas y populares, contando con la Academia del sector público, que vela por las mayorías.

La discriminación de género es base de esta crisis, porque la mujer es un pilar fundamental en la lucha campesina y ambiental, y no se le ha querido reconocer el lugar de liderazgo que le corresponde en La Tierra cuyo nombre también es femenino. El modelo económico es base del problema. La financiarización de la naturaleza bajo el capitalismo extractivista debido al consumo radical, poniéndole precio y privatizando los recursos naturales (hidroeléctricas, bananeras, mineras) que son escasos, termina direccionando los servicios a un sector y acaparando los beneficios económicos en una gran minoría. Mientras, el campesinado es desprovisto de esos bienes y servicios sustituyendolos por otros suplidos por las industrias, incluidos los llamados paquetes tecnológicos, que terminan por encarecer aún mas sus insumos (alza de la luz, combustible, agroquímicos), dejando de ser competitivos, para dedicarse a la subsistencia o emigrar (desplazamientos, destierros, acaparamiento de tierras).


Los gobernantes están a merced de las grandes corporaciones. El contrato con BANAPIÑA es un ejemplo. Tiene DEL MONTE luz verde para ocupar tierras tituladas a campesinos. Este año ya van 125 expropiaciones en BarúEsos suelos podrán ser contaminados con toda impunidad gracias al contrato Ley aprobado por la Asamblea en unanimidad de votos por los diputados miembros de todos los partidos tradicionales y de l@s mal llamad@s independientes. Tampoco esa empresa pagará un solo centavo hasta que no se le entregue la última finca, no podrá ser demandada por acaparamiento de cursos de agua, ni por daños a la salud de trabajadores, el paro sindical será limitado, pero podrá traer trabajadores extranjeros sin restricciones, etc.

La solución agropecuaria debe ser integral. Se debe redefinir filosóficamente lo que es el cuerpo y qué es la naturaleza, para dejar de ser uno un consumidor y la otra un simple recurso. Debe contemplarse recuperar la identidad nacional de los panameños, la idiosincrasia, las costumbres y las tradiciones. Hay que empezar ahora porque tomará años a un niño o a una niña campesin@ borrar de la mente el hábito de desayunar soda con galletas en la tienda. Y eso se lo debemos al CODEX ALIMENTARIUS que establece cuántos aditivos alimentarios (colorantes, saborizantes, conservantes, emulsificantes, etc.) pueden esos infantes (y nosotros) llevar al estómago. También ese instrumento hace lo propio con los plaguicidas y medicamentos veterinarios, estableciendo sus parámetros para que puedan ser deleitados durante la cena.

Todas estas actuales complejidades que hoy vivimos en Panamá en el sector agropecuario, a pesar de la grave crisis de entonces, no fue sufrida por aquel campesinado de 1537.