sábado, 30 de junio de 2018

El enfoque fanático

La euforia y alegría de la barra panameña mientras participó en el mundial de fútbol en Rusia, a pesar de las derrotas, ha sido reconocida a nivel internacional, con imágenes televisadas en vivo mostrando los bellos sombreros pintados, pegajosos ritmos de tamborito y cánticos folclóricos recorriendo el orbe vía satélite. Siempre l@s panameñ@s que han tenido la oportunidad de estar fuera del suelo patrio manifiestan su nostalgia por este pequeño istmo con orgullo y alegría distintivos; al encontrarse con sus coterráneos en distantes latitudes por muy remotas que sean, l@s panameñ@s desahogan esos sentimientos a través de magnéticas expresiones comunes; no importando afuera la clase social, la raza, ni cualquier otra diferencia que exista, l@s panameñ@s en ultramar se defienden en unidad y saben representar a este pueblo que nos vio nacer.

Pero estando en Panamá, la historia de solidaridad entre coterráne@s ha demostrado en el tiempo ser otra, muy distinta. Aquí desde hace ya rato imperan las transnacionales de forma impune, atropellando a todo aquél o aquella que se interponga en su paso arrollador. Las ‘iniciativas’ parlamentarias que nacen por ‘gestiones’ de l@s diputad@s, están acomodadas para favorecer a las grandes corporaciones internacionales en claras violaciones a la idiosincrasia, cultura y tradición de los pueblos originarios y campesin@s que son afectados por megaproyectos, o por sus operaciones extractivistas.

En lo que a este respecto atañe, l@s diputad@s no trabajan para el bien común, y los medios de reproducción de propaganda masiva no cubren las protestas de personas en defensa de comunidades alteradas, contaminadas o desplazadas, y que en vez de ser atendidas y escuchadas por las autoridades, son reprimidas, criminalizadas o incluso asesinadas, bajo la supervisión cómplice de éstas.

El claro ejemplo de asalto a nuestra identidad lo vemos a diario en lo que mas afecta a cada uno de nosotr@s como individuos, que es en la alimentación, porque incuestionablemente a través de ella los nutrientes deben penetrar en lo más recóndito de nuestras entrañas para que podamos subsistir. En ese sentido, la dominación del sector agropecuario por entidades foráneas no puede estar en Panamá mejor ilustrado que con los monocultivos extensivos compuestos por plantaciones bananeras como las que United Fruit Company (UFC, luego Chiquita Brands) mantienen en centroamérica y Panamá. UFC poseía desde entonces mas tierras que las que comprendería el ‘Canal Zone’, y esa corporación operaba aquí (desde 1899), incluso desde antes de nuestra secesión de Colombia para satisfacción de los intereses norteamericanos.

Luego de incontables protestas de trabajador@s y residentes en comunidades bananeras por abusos y secuelas crónicas dejadas por esa mole monopólica, después de que UFC sembrara muerte y destrucción en el continente para cosechar bananos de exportación, a casi 120 años después de su incursión en Panamá, es durante este gobierno que desde la Asamblea Legislativa, una vez por ellos subsanados ‘los 4 pecados capitales’ advertidos el siglo pasado por Armand Feigenbaum (los que las transnacionales debían evitar), se les prepara las condiciones a su homóloga Del Monte para favorecerle con un contrato para ocupar miles de hectáreas en Barú, desplazando nuevamente a panameñ@s campesin@s, quienes en cooperativismo ya estaban exportando banano a Europa.

Del Monte recientemente, a través de la Ley 28 de 2017, suscribió el Contrato Ley 36-17 con el gobierno panameño bajo su empresa subsidiaria denominada BANAPIÑA, que involucra el desplazamiento de poblador@s por expropiación de sus tierras bajo la figura de "interés social urgente", la contratación de mano de obra extranjera 'en entrenamiento' (cláusula DÉCIMA), la exclusividad de uso de aguas (cláusula SÉPTIMA), la contaminación impune del ecosistema por la utilización de agrotóxicos (cláusula DÉCIMO OCTAVA), y el no pago de ningún centavo de arrendamiento hasta tanto no sean expropiadas y entregadas la totalidad de parcelas descritas en el contrato por parte del Estado (cláusula VIGÉSIMA).

L@s compatriotas directamente afectad@s protestaron, marcharon a la capital y ningun@ de sus conciudadan@s gritó, no hubo fanátic@s que se agregaran para corear, no participaron medios que dieran cobertura a ese movimiento, porque las publicitarias generan ingresos con las pautas pagadas por las transnacionales, costeando así el hermetismo o cerco informativo; en fin, nadie dedicó un centavo de su tiempo porque quizá pensamos que no nos incumbe y que son solo ell@s l@s afectad@s.

Por lo anterior, es fácil comprender a Alberto Alonso-Fradejas, del Instituto Guatemalteco de Estudios Agrarios y Rurales, quien denomina el fenómeno de “corpopulismo autoritario (corporación-populismo), que dice “se basa en la persuasión y la violencia selectiva, envuelto en el imperio de la ley y respaldado por el Estado, para impulsar la agricultura de grandes negocios y la extracción de recursos”. Por otro lado, Achin Vanaik (Delhi, Transnational Institute) expone que “con respecto al ‘autoritarismo popular desde abajo’, podría ser un movimiento de extrema derecha, que busca impulsarse en el poder movilizando a la gente sobre la base de sus resentimientos, estos que están conectados con las realidades del sufrimiento que tienen, tanto económicos como psicológicos, y por lo tanto contra muchos de los efectos de lo que llamamos neoliberalismo, pero no en contra de la estructura del neoliberalismo; por ello, buscan concesiones dentro del orden neoliberal existente, pero todos ellos no solo están preocupados con respecto a la dimensión económica, sino que tienen un tipo de enfoque de hostilidad hacia otros y que, como base para desarrollar un mayor sentido ideológico cultural, se trata de toda la nación. Y es por eso que una de las formas más fuertes de ‘populismo autoritario’ actualmente, por varias razones, es el ‘nacionalismo autoritario.”

Referente a esto último, lo que mas preocupa es que organizaciones populares panameñas una vez más guardaron silencio, como ha sucedido posteriormente con las mas de 125 expropiaciones de fincas a l@s campesin@s baruenses que se han dado lugar durante principios de 2018 para favorecer a Del Monte. Ante la defensa de aquell@s sin voz, solo la Alianza Estratégica Nacional emitió el 11 de mayo de 2018 una carta urgente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, alertando sobre la quema de residencias y movimiento de equipo pesado para demolición de casas, solicitando también la previsión de medidas cautelares en Barú.

Por este caso y los múltiples otros abusos perpetrados por las grandes corporaciones en Panamá, es que debemos l@s panameñ@s unirnos a la campaña mundial para reclamar la soberanía de los pueblos, desmantelar el poder corporativo y poner fin a la impunidad, a través de un Tratado(*) sobre empresas transnacionales y sus cadenas de suministro con respecto a los derechos humanos, proyecto que fue presentado al Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, encargado de desarrollar un “instrumento internacional jurídicamente vinculante para regular las actividades de las empresas transnacionales y otras empresas con respecto a los Derechos Humanos”, de conformidad con la resolución 26/9 del Consejo de Derechos Humanos adoptada el 26 de junio de 2014.

La celebración mancomunada por arraigo en la identidad panameña estando fuera del territorio nacional está bien, como se demostró en Rusia, pero mas importante sería defenderla en el propio suelo, actuando con esa misma intensidad, pero manifestada solidariamente en defensa de cada conciudadan@ que es derrotad@ por este corrupto sistema de administración pública.

(*) Borrador de Tratado actualizado a octubre de 2017

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